7 días con Golayu

Esta historia comienza el sábado 24 de agosto de 2013. Como casi cada año, una pareja de Barcelona y sus dos hijos vinieron a vernos en agosto. Y, como todas visitas veraniegas, encontraron el centro de Laredo sembrado de andamios y lonas que los cubrían. Marchaban al día siguiente así que, una vez más, se iban a quedar sin disfrutar de la Fiesta (con mayúsculas) pejina. Esa celebración que no sólo se ve, sino que también se huele.

Sabía que éste era el último año de Come golayu que ha hechu güela participando en la Batalla de Flores. Ante esta situación, y contando que quedaba una semana para el desfile, pensé: “Imagino que no les importará que vayamos a echarle un vistazo a sus carrozas“. Así lo hice. Me acerqué al hotel Florida, su ‘cuartel general’, y allí me encontré a ‘Mara’. Tras las preguntas rutinarias, ya que hacía tiempo que no le veía, y la obligada en esas épocas de “¿Cómo lleváis la carroza?” le comenté que quería pasarme con unos amigos de Barcelona para que conocieran de primera mano cómo son las carrozas de cerca y pudieran hacerse una idea de su tamaño. Me comentó que no creía que hubiera problema, pero me remitió a Ángel para confirmarlo. En ese momento salía él con la furgoneta y le preguntamos, a lo que asintió.

Esta conversación a tres bandas no deja de ser una anécdota, algo que podría haber ocurrido con cualquier otra agrupación porque, como he podido comprobar en persona, los carrocistas se muestran siempre dispuestos a enseñar y explicar a los visitantes que la Batalla de Flores no es solamente un desfile de carrozas que se hace el último viernes de agosto. Es mucho más. Son meses de trabajo, no sólo en la propia estructura y en el diseño y construcción de las figuras, sino también en el cuidado de las huertas. Es algo que sobrepasa el hecho de crear una obra efímera.

Como digo, la conversación entré Ángel y yo tuvo una frase que ha desencadenado que esté escribiendo estas líneas: “Si quieres, pásate a hacer fotos a partir del lunes“. Puede que no fueran estas palabras exactamente, pero así me lo tomé. Y así me lo hicieron sentir desde esa tarde de lunes que llegué con la cámara colgando dispuesto a documentar qué ocurre en el interior de una agrupación de carrocistas la última semana de la Batalla de Flores.

Desde aquí, mi agradecimiento a todos y cada uno de los integrantes de Come Golayu por hacerme sentir parte de su familia durante el tiempo que compartí con ellos. Han sido muchos momentos, sensaciones y emociones muy intensas que en gran parte no voy a olvidar. Espero que con este pequeño proyecto os pueda devolver parte de ese cariño que me disteis durante esos días.

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